viernes, 17 de agosto de 2018

Gran Trail Aneto-Posets (III)


Movimiento, mi manera de entender la vida. Foto: Pic Comaloforno, año 2014

3. Al Refugio Ángel Orus. Cuando caes te encuentras a ti mismo.


Mucha gente piensa que estamos locos y que lo que hacemos no tiene ningún sentido. Con lo primero estoy bastante de acuerdo, algo nos falla ahí arriba. Con lo segundo no, pues precisamente así, haciendo lo que nos gusta, damos sentido a nuestra vida: disfrutar haciendo deporte, llevando nuestro cuerpo al límite por sitios que no muchos pueden pisar.
En esos momentos, cuando estás cerca del límite, puedes aprender muchas cosas sobre ti mismo y sobre cómo encarar la vida, que te sirven para tu día a día y para verlo todo de otra manera. Lo importante es no parar, esa es nuestra naturaleza y así es como nos sentimos vivos.
Yo no pienso con claridad hasta que mi corazón alcanza pulsaciones altas, la respiración se acompasa y todo fluye. Me sirve para concentrarme y ver lo que realmente importa y lo que no. Somos movimiento.

Una de tantas madrugadas entrenando para el GTTAP


Pasar por Benasque a mitad de carrera es una putada, con todas las letras. Ves a tu familia y te quieres quedar con ellos, te descentras de la carrera pudiendo cometer errores más fácilmente, te enfrías y tienes la posibilidad de retirada y descanso al alcance de la mano, por lo que muchos terminan aquí su aventura. Yo voy bien y tengo muy claro que voy a seguir, pero el hecho de que ochenta corredores, un tercio de los que quedamos, se retiren en este punto, lo dice todo. Muchas horas de sufrimiento en las piernas y todo lo que te queda por delante te tiran para atrás.

Llego entre aplausos y me reciben con todos los cuidados posibles. Así da gusto. Lo primero es comer algo y beber. Vengo un poco pasado de vueltas por estos últimos kilómetros a tope bajo el sol y necesito recuperar bien. Luego hay que reordenar bien todo el material, lavarse un poco y cambiarse de ropa. La sensación es que hay que salir rápido de allí, porque si no te va a atrapar la pereza. Antes de que se me haga más duro, me levanto, me despido y salgo dirección Cerler. Tenía que haber comido más y con más calma, luego lo voy a notar.

Llegando al control de Benasque
Descansando y reponiendo fuerzas con los míos

La mayor parte del camino es por bosque y se agradece, porque el sol pega de lo lindo. Sigo concentrado y animado, aunque me voy notando un poco con "flojera" en la subida. El cuerpo apenas me deja trotar y hago casi todo andando. Me empiezo a cruzar con los corredores de la Maratón de las Tucas, que hacen este tramo en sentido inverso, y a partir de aquí será un no parar, pues son unos 1300 corredores y durante más de cuatro horas no paro de saludar gente. Parece el día de la marmota y terminas hasta las narices de decir siempre lo mismo, por mucho que la mayoría te animen. Casi todos respetan mi paso, pero alguno está a punto de tirarme, ya voy muy maduro a estas alturas.

Caen algunas gotas, que ahora son bien recibidas, porque refrescan el ambiente. Toca bajar a Eriste, donde me vuelven a esperar los míos, por camino cómodo y con mucho público que anima, así que voy trotando a gusto. Voy muy bien de tiempo y si sigo así creo que puedo hacer buena marca. Llego al avituallamiento y otra vez subidón con la familia, pero me da mucha pena irme y no lo quiero posponer demasiado.

Con mi sobrino hacia el avituallamiento
Despedida y otra vez para arriba

Como y bebo muy poco, no todo lo que debería, y me lanzo para arriba con pena y miedo, pues empezamos la subida más dura de la carrera, hasta el collado de la Forqueta, que es la clave de la carrera. Seguir aquí significa volver a abandonar la comodidad del valle y empezar de nuevo la aventura, y con más de quince horas de carrera se hace muy duro mentalmente. Si consigo llegar al collado, la carrera está prácticamente hecha. Miro hacia arriba y no me gustan las nubes que veo y en cuanto se abre un poco el camino, veo la zona de Benasque, sobre la que está cayendo un chaparrón importante. Nos vamos a volver a mojar.

Voy ganando altura y cada vez me encuentro más flojo y con menos ritmo. A mitad de subida está el refugio Angel Orus y solo pienso en llegar, descansar y reponer fuerzas. Pero cometo dos errores que van a  marcar el futuro de la carrera: el frío y el hambre. Parece que con lo primero no debería haber problema, porque hace calor. Pero estamos en montaña, el tiempo cambia muy rápido y conforme asciendes la temperatura baja. Como me dijo un amigo, los que somos muy delgados tenemos el problema de la hipotermia en estas pruebas y hay que tener cuidado: entre el cansancio y la paliza que lleva el cuerpo y las pocas reservas de grasa que tenemos, el frío nos afecta mucho. Además, comienza a llover otra vez, hasta convertirse en una ducha que me va calando hasta los huesos. Empiezo a tener mucho frío, me paro y me pongo la chaqueta impermeable. Pero ya es tarde, voy calado y helado.

Subida por el valle de Eriste. Foto:GTTAP

El hambre también la gestiono mal. Voy justo de gasolina y en vez de parar y reponer fuerzas, decido seguir hasta el refugio y comer allí. Voy muy lento, me alcanza un grupo de seis y apenas soy capaz de seguirlos. La subida se hace eterna y el maldito refugio no llega nunca. Pasan cuestas, curvas y un bosque interminable y por fin aparece a lo lejos.

Llegando al Refugio. Foto: GTTAP

Llego muerto, me siento en una silla a descansar y me quedo congelado. Intento comer algo pero ya las tripas no van del todo bien, no me entra nada. Estoy entrando en hipotermia. Los voluntarios me cuidan, me dan caldo con fideos y me animan, pero no hay manera de levantar este cuerpo. Empieza otra vez a llover con mucha intensidad.

Me meto un rato en el refugio para entrar en calor e intento llamar por teléfono a la familia, pero no hay cobertura. La cabeza se está desbocando y estoy perdiendo el control, necesito algo rápido que cambie mi mente. Estoy mal, muy agobiado, sabiendo cómo y dónde estoy y todo lo que me queda por delante, más de cuarenta kilómetros y terreno muy duro, más en estas condiciones. No me veo capaz y parece que la carrera, mi sueño, se me escapa entre los dedos. La retirada tampoco es una opción fácil, habría que descender andando hasta el valle y con la moral por los suelos, así que todavía me agobio más. No encuentro respuesta ni solución, me estoy cayendo en un hoyo muy profundo. ¡Joder! ¡No puede ser! Soy muy duro de cabeza, si ésta falla, no soy nada.
Entro de nuevo en el refugio a cambiarme de ropa y ponerme lo poco seco que tengo, pues estoy tiritando sin parar y decida lo que decida, voy a tener que abrigarme. Y allí me encuentro con Ana.

Es voluntaria en el refugio y enseguida me ve y me calma, me da algo de comer y de beber, me escucha y me habla como te habla una madre, con voz serena y animándome. Me cuenta su historia: cómo el año pasado, desde ese mismo punto, acompañó a su hija hasta la meta en una situación parecida. Una madre coraje. Me dice que me ve muy agobiado, mal de cabeza, pero físicamente entero y que si no sigo adelante, si no lo intento al menos, me voy a arrepentir toda la vida.

Yo también le cuento mi historia para desahogarme: lo que significan para mi estas montañas, todo lo que he vivido en ellas, todo lo que he entrenado y peleado para conseguir este sueño y lo que hemos sufrido en familia durante estos largos meses. Me están esperando en meta, hay que llegar, tengo que conseguirlo. Empiezo a llorar y ella se contagia, nos fundimos en un abrazo que me da fuerza para seguir. Me prepara dos bocadillos y una coca cola y me dice que vaya para arriba despacio, tranquilo, parándome todo lo que necesite. Me recuerda lo que yo ya se, que puedo con ésto, que lo voy a lograr. Y me hace prometerle que no me voy a retirar, que al día siguiente cuando ella mire la clasificación, debo estar entre los que han llegado.

Refugio Angel Orus, nunca olvidaré esta historia. Foto:GTTAP

Si las cosas van bien, es fácil seguir adelante, pero cuando se empiezan a torcer, encuentras la medida de lo que eres: "Cuando trabajas duro, muy duro, para ser mejor y alcanzar grandes metas, pero tropiezas o lo que buscabas no sale como esperas. Cuando te encuentras de frente con la adversidad, en ese momento en el que se tambalean tus ilusiones, es cuando verdaderamente encuentras a tu verdadero yo, tu auténtica personalidad ¿sigues creyendo en ti? ¿sigues peleando o claudicas y te acomodas en la queja estéril?. La forma en la que encajes los golpes será lo que verdaderamente determine tu propio destino. Si eres un ganador, ya sabes que la adversidad solo es un precio que hay que pagar para conseguir grandes sueños o alcanzar una versión mejorada de ti mismo. No te rindas, sigue adelante"*.

Salgo para arriba embutido en toda la ropa que tengo y con una promesa que no puedo romper. Muy jodido, pero sigo en carrera.

*Palabras de Octavio Perez que me repetí una y otra vez


Precioso valle de subida. Foto: GTTAP
Nubes de lluvia. Foto: GTTAP
Ana acompañando durante más de 40km a su hija en la pasada edición. Foto: https://charradasvarias.wordpress.com/2017/07/28/gran-trail-aneto-posets-2017-volando-por-las-montanas/

4 comentarios:

  1. Vaya tela lo vivido en el Orus, me ha puesto los pelos de punta

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo bonito de las aventuras...todas las vivencias del camino. Pero esta fue muy intensa!!

      Eliminar
  2. Nombramos a Ana voluntaria de oro de la GTAP para todas sus ediciones. ¡Ánimo Koldo! Subir hasta el collado de la Forqueta está chupado! ...lo realmente duro será bajar a Biados, jijijiji

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ana se merece un monumento...y en general todos los voluntarios, hacen grande esta carrera. La subida a la Forqueta fue...bueno, mejor te lo cuento en el siguiente jajaja

      Eliminar